AlloClae, un inyectable fabricado por Tiger Aesthetics con grasa procesada de cadáveres donados, se perfila como alternativa ambulatoria a la cirugía estética para quienes han perdido volumen facial o corporal tras adelgazar con fármacos GLP-1 como Ozempic o Wegovy. El procedimiento se aplica en consulta en aproximadamente una hora, sin hospitalización ni anestesia general, y desde enero también pueden administrarlo enfermeros y asistentes con restricciones. Según el fabricante, desde mayo de 2025 se ha tratado a más de 2.000 pacientes.
El producto se enmarca en un mercado en expansión: Gallup estima que alrededor del 11% de los estadounidenses usa medicamentos GLP-1, y muchos experimentan pérdida de volumen no deseada en cara, pecho o glúteos. El cirujano plástico Luis Macias confirma la creciente demanda de rellenos en esas zonas tras la pérdida de peso. Frente a Renuva, de MTF Biologics —que limita las inyecciones a tres centímetros cúbicos—, AlloClae alcanza los 25 centímetros cúbicos, lo que amplía sus aplicaciones.
La expansión ha tropezado con obstáculos regulatorios. Nueva York bloqueó la distribución del producto y Tiger Aesthetics ha demandado al estado reclamando al menos 500.000 dólares por ventas perdidas. El principal conflicto no es solo legal, sino ético: los formularios de donación no especifican si el tejido se destinará a AlloClae, sino que permiten autorizarlo para investigación, uso comercial o sin restricciones, lo que abre la puerta a que empresas obtengan beneficio de un gesto concebido como altruista.
