La división de videojuegos de Microsoft atraviesa su peor momento en casi 25 años de historia. Solo tres días después de un Summer Game Fest cargado de anuncios —Halo, Gears of War, Fable y una Xbox translúcida—, la nueva CEO Asha Sharma advirtió de un "reinicio" que exigirá "decisiones difíciles". En las semanas siguientes se multiplicaron los reportes de despidos, cierres de estudios y cancelaciones de juegos; Ninja Theory, que acababa de presentar un nuevo título, figura entre los afectados.
El origen del problema se remonta a decisiones estratégicas fallidas. El lanzamiento del Xbox One en 2013, enfocado en funciones ajenas al videojuego como la televisión, dañó la marca. La apuesta multimillonaria por el servicio de suscripción Game Pass tampoco dio los resultados esperados: cuenta con unos 30 millones de suscriptores, muy lejos de los 100 millones que Microsoft proyectaba para 2030. La adquisición de Activision Blizzard King costó 68.700 millones de dólares, y un memo interno de Sharma y Matt Booty revela que, sin contar esa compra, la división gastó más de 20.000 millones en cinco años mientras sus ingresos anuales caían cerca de 500 millones.
Microsoft contempla el cierre de al menos cinco estudios, entre ellos Arkane (Dishonored) y Double Fine (Psychonauts). Los despidos podrían comenzar la próxima semana, con un alcance aún incierto: algunos equipos sufrirán recortes, otros desaparecerán y otros podrían escindirse como entidades independientes.
