William Buckland, geólogo y clérigo británico (1784-1856), desarrolló una visión teológica que buscaba armonizar la ciencia geológica con la autoridad bíblica. A diferencia de otros geólogos de su época, Buckland no veía una confrontación entre la razón y la fe, sino una oportunidad para fortalecer el prestigio de la ciencia cristiana. Su enfoque se basaba en el creacionismo de la brecha, una interpretación que proponía dos actos de creación separados por un periodo de tiempo extenso, permitiendo explicar la antigüedad de las capas geológicas y la existencia de dinosaurios antes de la historia humana.
Buckland fue pionero en la identificación de fósiles, acuñando términos como 'megalosaurus' (el primer nombre de dinosaurio) y 'coprolitos' (heces fósiles). Su método de investigación combinaba la observación de campo con la experimentación, como su uso de una hiena doméstica para demostrar que las marcas de dientes en los fósiles de Yorkshire correspondían a la depredación de hienas, confirmando así la naturaleza reciente de la formación de las capas en esa cueva. Además, su reputación se vio marcada por su eccentricidad: viajaba con una yegua negra cargada de especímenes, servía comidas exóticas a sus invitados y mantuvo una hiena en su jardín trasero. Su esposa, Mary, fue una colaboradora esencial que editó sus textos, ilustró sus libros y realizó experimentos prácticos, como usar una tortuga para demostrar la similitud entre huellas fósiles y modernas. Aunque Buckland promovió la inclusión de la ciencia en la educación, defendió la exclusión de las mujeres de las reuniones científicas, reflejando las limitaciones de género de su época.
