Los perros toleran peor las olas de calor que las personas porque no sudan y su termorregulación es distinta, según explica Ángela González, profesora asociada de la facultad de Veterinaria de la Universidad de Santiago de Compostela y facultativa del Hospital Veterinario Universitario Rof Codina de Lugo. Esta vulnerabilidad obliga a adaptar rutinas y cuidados durante el verano para evitar golpes de calor, que pueden resultar mortales.
Para los paseos, la veterinaria recomienda salir a primera hora de la mañana o al anochecer, evitar el ejercicio físico intenso —como lanzarles una pelota— y reducir las salidas a lo imprescindible durante las horas de más calor, eligiendo siempre zonas de sombra. Advierte además de que nunca se debe dejar a un perro dentro del coche, ni siquiera unos minutos con las ventanillas bajadas. Durante la caminata conviene llevar agua y permitir que el animal se bañe o juegue con agua, desmontando el mito de que no deben mojarse. Otro riesgo poco conocido es el de las quemaduras solares en perros sin pelo o con zonas despigmentadas, que requieren crema solar o camiseta.
En casa, González sugiere facilitar el contacto con superficies frescas como la baldosa, usar aire acondicionado si es posible y recurrir a accesorios refrescantes (bandanas, chalecos o camas) siempre que el perro los tolere. El agua debe estar disponible en todo momento, pero sin forzar al animal a beber para evitar atragantamientos.
Ante síntomas de golpe de calor —agitación, temperatura muy alta, fatiga, apatía o vómitos—, la experta aconseja acudir de inmediato al veterinario y evitar aplicar hielo, ya que el cambio brusco de temperatura puede resultar perjudicial.
