El Ayuntamiento de Venecia, con su nuevo alcalde conservador Simone Venturini, estudia elevar la tasa de acceso a la ciudad hasta 50 euros para los visitantes de un solo día en jornadas de máxima afluencia, con el objetivo de reforzar el efecto disuasorio frente al turismo de masas de corta duración. La medida, que ha generado un intenso debate político y social, coincide con la discusión abierta en España sobre cómo gravar el turismo para frenar la saturación.
En Barcelona, el consistorio ha acordado duplicar la tasa actual para que en 2029 se sitúe entre 10 y 15 euros por persona y noche. Baleares aplica desde 2016 una ecotasa de entre 1 y 4 euros por noche en temporada alta, mientras que Toledo recauda entre 1 y 1,5 euros por turista a través de los autobuses de llegada. En el País Vasco, la nueva tasa entrará en vigor el 1 de enero de 2027 con importes de entre 0,50 y 7 euros según el tipo de alojamiento. Incluso el presidente de Mercadona, Juan Roig, ha propuesto “monetizar” Las Fallas valencianas para obtener mayor rendimiento del flujo turístico.
Expertos y un reciente informe de Funcas, elaborado por Aleix Calveras, sostienen que los gravámenes actuales en España son insuficientes y estiman que harían falta tasas de entre 15 y 20 euros para reducir de forma efectiva la presión turística. El modelo centrado en maximizar el volumen de visitantes, advierten, deteriora la calidad de vida, dispara los precios de la vivienda, colapsa los servicios públicos y degrada el entorno.
