El colectivo vecinal Brunzit organiza cada miércoles un 'sopar a la fresca' en plazas céntricas de Palma para reclamar el espacio público que, según denuncian, ha quedado en manos del turismo. Más de 500 vecinos cenan con tuppers en la plaça Major, la Seu o la plaza Llorenç Villalonga, frente a los 200 que participaban el año pasado. El conflicto con el Ayuntamiento se agravó el 21 de julio, cuando Cort desautorizó a última hora una cena en la plaza de Cort alegando que ya acogía 89 actos en 2026; los vecinos respondieron con una concentración de 200 personas bajo el lema "para turistas sí hay permiso, para nosotros no". La patronal CAEB pidió que las cenas no obliguen a retirar terrazas de bares por pérdida de actividad. Brunzit, a través de su portavoz Pau Riera, argumenta que la expansión de terrazas y negocios turísticos ha expulsado a los residentes del centro, un fenómeno comparable al de Barcelona —donde la superficie de terrazas creció un 70% entre 2019 y 2023— o Madrid, con 6.472 terrazas y más de 204.000 sillas. Las cenas vecinales actúan además como terapia colectiva contra la soledad no deseada, que afecta al 20% de los mayores de 75 años en España. La presión turística se enmarca en la protesta de la plataforma Menys Turisme, Més Vida, que reunió entre 25.000 y 70.000 personas el 26 de julio en Palma bajo el lema "Mallorca al límite" y que exige prohibir la compra especulativa de vivienda, eliminar el alquiler vacacional y limitar el acceso a espacios naturales.
