Vecinos de Dowagiac soportan 24 horas de ruido de un centro de datos que ahora se reconvierte a IA

Fuentes: Vecinos de Dowagiac soportan 24 horas de ruido de un centro de datos que ahora se reconvierte a IA, gizmodo.com

Dowagiac, una pequeña ciudad del suroeste de Michigan, se ha convertido en escenario de un conflicto vecinal que ilustra el lado menos visible de la economía digital. Los residentes de Louise Avenue soportan desde 2024 un zumbido agudo y constante, perceptible las 24 horas del día, procedente de un centro de datos propiedad de Alliance Cloud Services LLC, filial de Hyperscale Data. La instalación, que operó primero como centro de minería de criptomonedas, inicia ahora su reconversión hacia la computación para inteligencia artificial y la robótica avanzada, un giro que promete inversión millonaria pero que, por ahora, no ha silenciado las quejas de quienes viven justo enfrente.

Los testimonios recogidos por la cadena WXYZ-TV, de Detroit, y reproducidos por Xataka y Gizmodo, dibujan una cotidianidad alterada. Lindy Valenzuela comparó el sonido con "tener una aspiradora en tu salón cuando el filtro está atascado, así que emite un silbido agudo. Y la dejaron encendida y se marcharon". El matrimonio formado por Marjorie y Billy Finn aseguró que ya no pueden abrir las ventanas como antes, y que permanecer unos minutos en el exterior durante los días calurosos puede acabar en dolor de cabeza. Marjorie Finn, diagnosticada con párkinson, lleva años escuchando ese ruido que, según el reportero Mike Duffy, parece un grito demoníaco.

Los vecinos sitúan el inicio del problema en 2018, cuando desaparecieron los pinos que ocultaban el antiguo edificio industrial y se instaló un muelle de carga. Hacia 2021 comenzó la operación de minería de criptomonedas y, tres años después, el sonido se volvió insoportable. Un blog especializado citado por Gizmodo indica que los equipos de minería de Bitcoin generan entre 50 y 70 decibelios, niveles comparables a una aspiradora. Las mediciones tomadas por Duffy con un decibelímetro se situaron en ese rango, mayoritariamente en la franja baja.

El conflicto dio un paso institucional en marzo de 2026, cuando Dowagiac aprobó su primera ordenanza sobre ruido industrial: máximo de 65 decibelios durante el día y 55 por la noche. El responsable municipal aseguró que la ciudad ya había sancionado a Hyperscale Data por incumplirla. La empresa, sin embargo, cuestiona tanto las mediciones como el método empleado. En paralelo, Valenzuela figura como demandante en una acción colectiva que acusa al operador de negligencia y de interferir de forma sustancial en el uso y disfrute de las viviendas.

El giro hacia la IA aporta cifras notables. El CEO de Hyperscale Data, William Horne, explicó en una reunión extraordinaria del consejo municipal que la empresa prevé invertir 100 millones de dólares para ampliar la computación destinada a inteligencia artificial y robótica avanzada. También anunció la adquisición de terrenos colindantes que se utilizarían como franja natural de separación para reducir el sonido. Las autoridades locales, no obstante, afirmaron no haber recibido ninguna solicitud de permiso para esa expansión.

John Stewart, director de marketing de Hyperscale, declaró a WXYZ-TV que la compañía lleva cinco años en Dowagiac y que se toma en serio las preocupaciones vecinales. Confirmó que aproximadamente la mitad de la maquinaria de minería ya está apagada y que el resto se desconectará en los próximos tres meses. Horne fue más lejos y afirmó que comprarían las casas de quienes siguieran sin poder disfrutar de ellas. Para los afectados, esa alternativa no resuelve lo esencial: la casa de los Finn lleva casi un siglo en la familia y allí conservan amistades y una red de apoyo ligada al cuidado de Marjorie.

El caso de Dowagiac muestra cómo una infraestructura informática puede volverse muy física cuando se instala junto a viviendas y opera de manera continua. Los centros de datos sostienen servicios digitales de uso cotidiano, pero su expansión también puede aumentar la demanda de electricidad y agua, la ocupación de suelo y, en determinados contextos, el ruido que soporta el entorno. Por ahora, los vecinos esperan que el apagado progresivo de los equipos de minería y la futura franja de amortiguación reduzcan unos decibelios que, durante años, han marcado el ritmo de su vida en Louise Avenue.