Anna Mathur, psicoterapeuta y autora especializada en familias, relata cómo decidió dejar de usar el teléfono delante de sus tres hijos —de siete, nueve y once años— y qué cambió en su vida. Trabajaba con padres agotados e irritables sin caer en la cuenta de que ella misma lo era al revisar el móvil cientos de veces al día mientras sus hijos le reclamaban atención. «Trataba mi mal humor como un problema de paciencia y un defecto de carácter, pero lo que descubrí es que el impulso de coger el teléfono no es debilidad, sino biología», escribe Mathur, que atravesaba la perimenopausia, una etapa en la que el cerebro busca más recompensas.
Para no depender solo de su fuerza de voluntad, Mathur instaló la aplicación App Block: bloquea redes sociales y correo electrónico mientras los niños están en casa y deja una ventana de 15 minutos para revisarlos después de acostarlos. Si necesita trabajar, abre el portátil, una acción que describe como más intencionada. Además, empezó a verbalizar en voz alta cada uso del teléfono delante de sus hijos —«solo voy a apuntar plátanos en la lista de la compra»— para mantenerse responsable y mostrarles que no se aísla.
El resultado, según cuenta, fue una caída notable de la irritabilidad, más presencia y una mejora de la relación con su marido, que también abandonó el móvil en las veladas. Sus hijos le cuentan ahora detalles de su día y se acurrucan junto a ella. Mathur acaba de publicar el libro How to Stop Snapping at the People You Love (Penguin Life).
