Investigadores de la Universidad de Yale han presentado en Nature Neuroscience una interfaz cerebro-ordenador no invasiva basada en resonancia magnética funcional que aprovecha las rutas naturales de la actividad neuronal en lugar de forzar al cerebro a crear caminos nuevos. En los experimentos, los participantes aprendieron a mover un avatar en un videojuego con el pensamiento en menos de una hora, e incluso en menos tiempo, cuando el sistema se alineaba con la geometría cerebral individual. El equipo diseñó tres configuraciones comparativas y comprobó que los caminos menos naturales multiplicaban el tiempo de aprendizaje.
El hallazgo incluyó un dato fisiológico inesperado: cuando la interfaz encajaba con el mapa neuronal propio, el cerebro se reorganizaba físicamente para acoplarse a la demanda, un efecto que se extendió a regiones no implicadas directamente en la tarea. Los autores destacan aplicaciones en salud mental —como tratamientos para depresión o ansiedad—, trastornos motores y de comunicación, y mejora cognitiva, aunque subrayan que la tecnología es hoy de uso clínico y de investigación, no doméstico. La primera autora, Erica Busch, considera que el hallazgo es más relevante para entender la estructura de la mente que como producto comercial.
