Un nuevo análisis agranda las grietas en la ciencia del collarín Q para proteger el cerebro

Fuentes: New analysis widens cracks in Q-collar brain-protection science

El collarín Q, un dispositivo de cuello comercializado como protector cerebral para deportistas, vuelve a estar bajo la lupa tras un nuevo análisis del investigador Mu Yang y del Dr. M. Shane Tutwiler, especialista en psicología educativa cuantitativa. En PubPeer, ambos detallan un hilo de pruebas que considera "manifiestamente inadecuado" el diseño y análisis de uno de los estudios clave para la autorización del producto por parte de la FDA. Tutwiler explica que los autores le denegaron el acceso a los datos —pese a que el artículo de 2021 incluye un compromiso de compartición— cuando supo de su postura crítica. El análisis muestra que los sujetos de control de los ensayos del collarín Q habían participado también en dos estudios sobre cascos cuyos resultados afectaban de forma significativa a las mismas métricas de sustancia blanca cerebral que el collarín dice modificar. Como es probable que los usuarios del collarín Q llevaran cascos de distintos tipos, los autores nunca cuantificaron ni discutieron ese factor de confusión clave. A pesar de la cobertura acumulada —artículos en BMJ y The Washington Post, la investigación original de Stephanie Lee en The Chronicle y entradas previas en este blog— la FDA no ha actuado y autores y editoriales (SAGE y Wiley) permanecen en silencio. El collarín, con un precio mínimo de 200 dólares y más de 30 millones de dólares invertidos, se sitúa en la intersección de la pseudociencia, el respaldo institucional, la mercadotecnia próxima a celebridades y los grandes negocios, lo que lo emparenta con otros fraudes médicos del ámbito científico. El autor del blog aprovecha para aclarar que el "Jeffery N Epstein" que firma uno de los artículos no guarda relación con el financiero condenado por delitos sexuales.