Mario Pérez, un hostelero valenciano de 23 años, abandonó en 2023 la ciudad de Valencia para abrir su propio bar en Valdemoro-Sierra, una localidad de la Serranía Media de Cuenca que, según el INE, contaba con 96 vecinos en 2024. El joven, que trabajó dos años como camarero antes de dar el salto, afirma que en la ciudad el coste de vida hacía inviable su proyecto: el alquiler habría sido cinco veces mayor, la vivienda donde reside diez veces más cara y la competencia hasta diez veces superior. Desde su llegada, asegura haber recibido más ofertas laborales de las que podía asumir y subraya la solidez de la red vecinal: "Tengo un fontanero, un albañil y todos están a una llamada". Mario define el éxito como "que no me tenga que ir" del pueblo.
Su testimonio se difundió en noviembre de 2025 a través de un vídeo de la Diputación de Cuenca en Facebook y se viralizó con decenas de miles de visualizaciones. El caso cuestiona el discurso dominante sobre la falta de oportunidades en la España Vaciada y se suma al del también veinteañero Kike Collada, alcalde de El Recuenco (Guadalajara), un municipio de menos de 80 vecinos. No obstante, el artículo recuerda los límites del fenómeno: la oferta de vivienda en estos pueblos es escasa, con casas ruinosas o heredadas sin salida al mercado, y según un editorial reciente de El Mundo, más de la mitad de quienes buscaron alquiler en municipios de menos de mil habitantes en 2020 desistieron por falta de opciones.
