El ingeniero de software Sean Goedecke publica en su blog un intercambio de correos electrónicos con William Murray, un lector que le reprocha su tono resignado ante el avance de la inteligencia artificial. Murray argumenta que, si de verdad Goedecke cree que el trabajo intelectual profundo en software tiene los días contados, debería o bien cambiar de profesión o bien resistir, y le acusa de complicidad por limitarse a aconsejar a sus lectores que se adapten al sistema.
En su respuesta, Goedecke rechaza tanto la idea de dimitir como la de organizar una oposición abierta. Compara la situación actual de los programadores con la de los artesanos textiles ingleses de principios del siglo XIX, amenazados por la automatización, y recuerda que los luditas, aunque juzgados con benevolencia por la historia, fueron aplastados por el Estado. Asegura que recibe cientos de mensajes de ingenieros júnior y de nivel medio asustados por las reglas del mercado laboral posterior a 2021, y que su intención es evitar que cometan errores que les arruinen la carrera. Reconoce que su postura puede tacharse de cómplice o antirrevolucionaria, pero la presenta como una forma de responsabilidad hacia los más vulnerables del sector. Concluye que acepta la existencia de límites morales a la colaboración con el sistema, aunque la línea entre resistencia legítima y oportunismo le sigue pareciendo profundamente ambigua.
