Un ingeniero de Trinidad y Tobago, que abandonó la plataforma STM32 de ARM para pasarse a los microcontroladores RISC-V, rebate la reciente crítica de Dmitry Grinberg a la arquitectura RISC-V. Grinberg había analizado los problemas de la ISA y concluido que ningún juego de instrucciones puede servir tanto a CPUs de gama alta como a microcontroladores baratos, y que RISC-V acabará dominando el segmento de MCU de coste mínimo. El autor coincide en parte, pero discrepa en lo esencial: muestra sobre su mesa tres chips que demuestran la viabilidad de la arquitectura en toda la escala. El CH32V003, a diez centavos, es el núcleo RV32EC exacto que Grinberg describe y se usa en productos reales como un monitor de contenedores o un abridor automático de puertas. El CH32H417, dual core con USB 3.2 Gen1, Ethernet y motor gráfico, ejecuta un navegador web, un modelo generativo de imágenes y reconocimiento facial con menos de 150 KB de RAM. El Baochip, un SoC abierto de 22 nm con VexRISC-V y MMU, corre el microkernel Xous escrito en Rust y soporta SEL4 y Linux, ofreciendo la separación de privilegios que Grinberg considera innecesaria. El autor rechaza la idea de que solo desde Estados Unidos y Europa se pueda opinar sobre RISC-V y recuerda que en el Caribe, Nigeria o Bangladesh conseguir hardware depende primero de si llega físicamente al país y de los costes de envío y aduana, que pueden sumar entre 60 y 200 dólares por un chip de un dólar. Para esos contextos, argumenta, el precio manda sobre la elegancia del conjunto de instrucciones.
