Un equipo de investigación de Pekín, dirigido por Xupeng Liu y Ng Shyh-Chang, ha desarrollado un microinjerto muscular contráctil que, implantado bajo la piel de ratones, reproduce de forma continua los beneficios del ejercicio físico sin mover un solo músculo. El dispositivo, elaborado a partir de células madre musculares maduradas en laboratorio e integradas en un hidrogel, se vasculariza y se contrae espontáneamente las 24 horas del día sin necesidad de conectarse al sistema nervioso.
Según el estudio publicado en Nature, tras unas 15 semanas de seguimiento los roedores implantados —jóvenes, obesos y ancianos— ganaron masa muscular magra, grosor en sus fibras naturales, fuerza de agarre, resistencia al correr y densidad ósea. Además, redujeron sus niveles de azúcar en sangre, colesterol y triglicéridos, y los ratones viejos mostraron mejor rendimiento en pruebas cognitivas y de laberinto, lo que apunta a un efecto neuroprotector.
Los investigadores demostraron además que los mioinjertos pueden modificarse genéticamente para secretar de forma sostenida proteínas terapéuticas como la hormona del crecimiento, la paratiroidea y GLP-1, la misma diana de fármacos como Ozempic y Wegovy, abriendo la puerta a administrar tratamientos crónicos sin inyecciones diarias.
El trabajo se limita por ahora a un ensayo preclínico en roedores. Los propios autores reconocen que, para trasladar la técnica a humanos, probablemente serían necesarios múltiples injertos repartidos por el cuerpo y cirugías repetidas en pacientes mayores, y que el parche no reproduce el estrés cardiovascular ni la coordinación neuromuscular que aporta el ejercicio real. La línea se presenta como prometedora, pero aún lejos de sustituir al deporte.
