Un documento de trabajo publicado en 2026 por la National Bureau of Economic Research y elaborado por la economista de Harvard Rebecca Diamond muestra que las mujeres que estaban desempleadas cuando comenzaron a tomar medicamentos GLP-1 para perder peso vieron aumentar su tasa de empleo en casi 27 puntos porcentuales 18 meses después, en comparación con mujeres que querían acceder a esos fármacos pero aún no habían empezado a usarlos. Esa brecha, según Diamond, supera la diferencia de empleo existente entre mujeres estadounidenses con estudios secundarios y aquellas con título universitario.
El estudio no interpreta el adelgazamiento como una mejora en la capacidad o cualificación de las mujeres, sino que plantea si los cambios en la apariencia física condicionan la percepción de los empleadores. El contexto incluye datos de Gallup según los cuales el 11% de los adultos estadounidenses usaba en 2026 un GLP-1 para perder peso, frente al 3% de 2024. El artículo recuerda además un informe de Fairygodboss en el que reclutadores evaluaron imágenes de mujeres con distintos tipos corporales: el 20% calificó a la mujer con mayor peso como "perezosa" y solo el 18% le atribuyó potencial de liderazgo, frente al 21% que la consideró "poco profesional".
