Un estudio publicado en la revista npj Climate Action advierte que el uso de la inteligencia artificial (IA) en el sector de los combustibles fósiles generará más emisiones de carbono de las que la misma tecnología puede ahorrar al impulsar las energías renovables. Según la investigación —la primera en cuantificar el impacto climático de la IA en todo el sector eléctrico—, las ganancias netas de productividad favorecerán sistemáticamente al petróleo y al gas, con un aumento anual de las emisiones de entre 0,47 y 1,8 gigatoneladas, equivalente al 1-5% de las emisiones anuales del sector energético.
El estudio fue elaborado por Holly y Will Alpine, exempleados del área de sostenibilidad de Microsoft que renunciaron a principios de 2024 precisamente por la relación de la compañía con la industria de los hidrocarburos. Desde entonces fundaron la campaña Enabled Emissions, que denuncia cómo las grandes tecnológicas no contabilizan las emisiones que sus herramientas posibilitan al ayudar a extraer más combustibles fósiles. "No se pueden tratar de forma independiente. Son dos caras de la misma moneda", explicó Will Alpine, autor principal del trabajo.
El modelo utilizado por los investigadores contrasta con los estudios anteriores, que se limitaban a comparar el consumo energético de los centros de datos con los ahorros derivados de aplicar IA a las renovables. "Lo que hacen la mayoría de estudios hasta ahora es comparar el uso energético de los centros de datos con el ahorro de emisiones de la IA. Omite por completo esta imagen de la IA provocando incrementos de emisiones", señaló Lynn Kaack, profesora asistente de ciencia de la computación y política pública en la Hertie School, quien revisó un borrador de la investigación.
El hallazgo más contundente es que las emisiones netas solo disminuyen en escenarios donde la IA no aumenta la productividad del sector fósil. Para que los beneficios climáticos compensaran, las ganancias de productividad en renovables tendrían que superar a las de los combustibles fósiles al menos por un factor de cuatro. Sin embargo, los autores reconocen que esta hipótesis es conservadora: en la práctica, la adopción en renovables está aún en fase piloto o académica, mientras que las aplicaciones en petróleo y gas ya operan a escala con contratos reales y despliegues comerciales.
La Agencia Internacional de la Energía estima que la IA podría aumentar las reservas técnicamente recuperables de petróleo y gas en un 5% y reducir los costes de los proyectos en aguas profundas en un 10%. Empresas como Saudi Aramco afirman haber integrado la IA "en todo", incrementado tanto su productividad como el número de pozos. Equinor atribuyó a nuevas tecnologías sísmicas e IA 27 descubrimientos en la plataforma continental noruega en 2025, entre ellos los pozos Lofn y Langermann, el mayor hallazgo operado por la compañía el año pasado. "La IA fue clave, desde la interpretación automatizada de datos hasta la planificación eficiente de pozos", declaró la empresa en junio.
Rystad Energy, consultora energética independiente con sede en Oslo, calculó en mayo que la digitalización y la IA generarán cerca de 500.000 millones de dólares (unos 370.000 millones de libras) en valor acumulado para las empresas de exploración y producción de combustibles fósiles entre 2026 y 2030. La fuente cita ahorros ya reportados por Equinor y la emiratí Adnoc por cientos de millones de dólares. En el extremo más alto del espectro, el aumento de emisiones posibilitado por la IA equivaldría, según Wired, al de Rusia, el cuarto mayor emisor mundial; en el extremo más bajo, se asemejaría al de México.
El estudio no incorpora en sus cálculos el consumo energético de los centros de datos, generalmente alimentados con gas natural. Aun así, los autores concluyen que las emisiones posibilitadas por la IA en el sector fósil son al menos tres veces superiores a las estimaciones actuales para los centros de datos. Fuentes del sector tecnológico consultadas por Wired subrayan que las grandes compañías miden sus emisiones operativas y las de su cadena de suministro, pero no así las emisiones habilitadas por sus herramientas en terceros.
El análisis climático independiente Ketan Joshi, ajeno a la investigación, advirtió de que el sector de la IA es "fundamentalmente hambriento de combustibles fósiles" y que sus impactos van mucho más allá del consumo de los centros de datos. "Incluso dentro de partes del movimiento climático existe aún una negación sobre el hecho de que una industria tecnológica sin control impulsará inherentemente los combustibles fósiles", afirmó. "Pedir a las empresas que destinen unas pocas migajas a proyectos renovables no es suficiente para garantizar que la industria opere de forma segura."
Los investigadores aclaran que sus resultados son "una hallazgo direccional y estructural, no un pronóstico preciso", aunque la relación se mantiene en todos los escenarios y pruebas de sensibilidad realizadas. El mensaje central del estudio es que, sin políticas que frenen la adopción de IA en la producción de hidrocarburos, el balance climático neto de esta tecnología será probablemente negativo.
