Un estudio publicado en Nature Communications por investigadores de la Universidad de Colonia sitúa el inicio de la hiperaridez del núcleo del desierto de Atacama, en el norte de Chile, hace unos 45 millones de años, retrasando en más de 20 millones de años las estimaciones previas. El equipo llegó a esa conclusión tras analizar 135 fragmentos de cuarzo mediante datación por isótopos cosmogénicos, en particular neón-21, un marcador que se acumula en los granos cuanto más tiempo permanecen expuestos en superficie. Muchas muestras arrojaron tiempos de exposición de entre 20 y 40 millones de años, cerca de una cuarta parte superó el límite aceptado hasta ahora y una piedra alcanzó casi 62 millones de años de exposición, uno de los registros más altos documentados.
Los autores atribuyen la conservación de esas superficies a costras salinas endurecidas que inmovilizan los cantos y reducen la alteración del paisaje. Los datos obtenidos invalidan la hipótesis dominante que situaba el origen de la aridez en el levantamiento de los Andes y la influencia de la corriente de Humboldt, ya que las rocas analizadas no proceden de las zonas andinas. En su lugar, los investigadores proponen que el proceso comenzó con el enfriamiento global posterior al Óptimo Climático del Eoceno temprano, cuando las temperaturas medias eran entre 10 y 14 grados superiores a las actuales, y que los Andes y la corriente de Humboldt intensificaron después una tendencia ya en marcha. Los geólogos Benedikt Ritter-Prinz y Tibor Dunai, autores principales, subrayan que la lentitud de la erosión en Atacama permite reconstruir una historia climática mucho más extensa de lo que se pensaba.
