Un equipo de la Universidad de Minnesota ha construido desde cero, pieza a pieza, una célula sintética capaz de crecer, replicar su ADN y dividirse dentro de una membrana lipídica. El logro, dirigido por la bióloga sintética Kate Adamala, todavía no ha superado la revisión por pares y se publica como prepublicación. Se trata del avance más completo hasta la fecha en el intento de generar vida a partir de componentes no vivos.
La célula no está viva según ninguna definición convencional: depende de un suministro constante de nutrientes, ribosomas y otras moléculas, y carece de metabolismo propio o defensas. Sin embargo, su ciclo completo de división celular fue observado en el laboratorio tras años de optimización. Para ello, el equipo ensambló un genoma mínimo, sistemas de replicación de ADN y un conjunto de 36 enzimas que permiten traducir genes en proteínas, todo empaquetado en liposomas.
El principal reto fue la división celular. Adamala descartó imitar el citoesqueleto natural y optó por un mecanismo alternativo basado en etiquetas proteicas que se agrupan y deforman la membrana, descrito por Reinhard Lipowsky, del Instituto Max Planck. Tras varios intentos, la protocélula logró dividirse.
Expertos como Jack Szostak (Universidad de Chicago), Sijbren Otto (Instituto Stratingh) y Job Boekhoven (Universidad Técnica de Múnich) calificaron el trabajo como un avance significativo hacia el «santo grial» de fabricar un ser vivo a partir de materia inerte. La célula sintética abre la puerta a estudiar los requisitos mínimos de la vida, así como a producir nuevos materiales, biocombustibles y fármacos.
