Un periodista recibió un almuerzo de tres platos preparado en su apartamento por un chef privado enviado por Shift, una división de la startup alemana Microagi, a cambio de permitir que las cámaras grabaran los movimientos de sus manos como datos de entrenamiento para robots. El chef Ollie llevaba una cámara en la visera de su gorra que registró el corte de verduras, el emplatado y la limpieza de la cocina, información que la compañía utiliza para desarrollar humanoides con habilidades culinarias y domésticas.
Shift, que en Nueva York ofreció limpieza gratuita y en San Francisco comidas caseras sin coste, forma parte del creciente sector de recopilación de datos egocéntricos —vídeos en primera persona— destinado a entrenar modelos de IA físicos. Su consejero delegado, Bercan Kilic, explicó que el objetivo es permitir a la gente participar en la economía de la IA y preparar a la sociedad para una hipotética era de abundancia impulsada por robots.
El artículo describe la experiencia del autor, desde la incomodidad inicial ante la grabación hasta su reflexión sobre las implicaciones de dotar a los robots de herramientas peligrosas como cuchillos. Kilic anticipa que en un año habrá robots domésticos competentes y asequibles, aunque el periodista cuestiona que su llegada reduzca la desigualdad: los primeros usuarios serán los más pudientes, mientras el desempleo y la pobreza persisten.
