Un usuario de la plataforma Lobsters relata su experiencia tras participar como ponente en una conferencia académica y observa un uso masivo y, a su juicio, inadecuado de la inteligencia artificial entre los demás panelistas. Según su testimonio, menos del 10% del público —probablemente alrededor del 5%— seguía las charlas con atención, mientras la mayoría atendía pantallas y dispositivos.
El episodio que más le sorprendió ocurrió durante la ronda de preguntas posterior a su charla: todos los demás panelistas, excepto él, recurrieron a la IA en sus portátiles para registrar las preguntas de la audiencia y elaborar respuestas. El autor subraya que él mismo dedicó mucho tiempo a preparar su intervención y presentación, y que el profesor encargado de formular las réplicas escuchó durante dos horas, tomó notas abundantes y planteó preguntas reflexivas. A su juicio, apoyarse en la IA para responder resulta una muestra de pereza y una falta de respeto al trabajo intelectual de ese profesor.
El autor reconoce la tentación de delegar en la IA tareas tediosas como traducir, redactar currículos, preparar solicitudes de empleo o editar artículos académicos, pero defiende que esas actividades forman parte del trabajo intelectual. Le sorprende que precisamente los ponentes, quienes deberían ser los más expertos en sus temas, renuncien a pensar por sí mismos. La publicación cierra con una invitación a la comunidad a compartir experiencias y opiniones similares sobre el uso de la IA en la academia.
