Ucrania probó drones plenamente autónomos que mataron soldados rusos, según un fabricante

Fuentes: Ukraine's one-time test used fully autonomous drones to kill Russian soldiers, 20minutos.esT3clickbait

Ucrania habría probado por primera vez drones plenamente autónomos capaces de matar soldados sin intervención humana en el campo de batalla, según reveló Alexander Kokhanovskyy, director ejecutivo del fabricante ucraniano de drones Aero Center, durante una entrevista con New Scientist en un evento organizado por la embajada ucraniana en Londres. El ensayo, que tuvo lugar hace aproximadamente dos años y no involucró a su actual empresa, consistió en el despliegue de drones cuadricópteros preprogramados para volar hacia una zona del frente y activar un modo bautizado como "Terminator", un sistema de inteligencia artificial diseñado para buscar y atacar cualquier objetivo en el área designada sin control humano directo.

Según el relato de Kokhanovskyy, no existían grabaciones de vídeo ni pruebas visuales que documentaran qué atacaron exactamente los drones. La conclusión de que habían causado víctimas mortales se obtuvo después de que otros drones pilotados por humanos sobrevolaran la zona para evaluar los resultados y encontraran "un par" de soldados rusos muertos.

Este anuncio se produce en un contexto de rápida evolución tecnológica en el conflicto. Mientras tanto, Ucrania ha intensificado el uso de una nueva generación de drones de medio alcance —con alcances de entre 50 y 300 kilómetros— para atacar las líneas de suministro rusas en una estrategia de bloqueo logístico promovida por el ministro de Defensa Mykhailo Fedorov. Según recoge CNN y documentan analistas independientes como Geoconfirmed, desde principios de mayo se han registrado cerca de 150 ataques contra vehículos cisterna, convoyes militares e infraestructuras logísticas en la retaguardia rusa, una cifra que probablemente representa solo una parte del total. Entre los aparatos destacados se encuentran el FP-2 y el Behemoth, este último con una velocidad de crucero de 180 kilómetros por hora y capacidad para transportar una ojiva de 70 kilogramos.

La combinación de ambas líneas informativas dibuja un panorama en el que Ucrania estaría explotando al máximo la asimetría tecnológica frente a un rival convencionalmente superior. La campaña de medio alcance ya muestra efectos tangibles: el tráfico de mercancías por el puente de Chonhar, principal corredor terrestre entre Crimea y los territorios ocupados, se ha desplomado un 71% en apenas dos semanas, y algunas carreteras que conectan Rusia con la Ucrania ocupada han sido cerradas al tráfico militar ante la amenaza constante de los drones.

Sin embargo, el caso de los drones plenamente autónomos plantea interrogantes éticos y legales de gran calado. Los representantes de empresas de defensa presentes en el evento de la embajada ucraniana afirmaron que el gobierno de Ucrania prohíbe el uso de inteligencia artificial en la fase final de interceptación de objetivos, y un comandante militar ucraniano declaró a New Scientist que sus pilotos de drones utilizan exclusivamente sistemas semiautónomos en los que las decisiones críticas permanecen en manos humanas. Esta postura oficial contrasta llamativamente con la revelación de Kokhanovskyy, lo que sugiere que el experimento habría sido una excepción puntual, posiblemente anterior a la formalización de esas directrices, más que una práctica extendida en las Fuerzas Armadas ucranianas.

La naturaleza única del ensayo cobra sentido al considerar las limitaciones prácticas de este tipo de armamento. Enviar drones totalmente autónomos para atacar cualquier cosa en una zona definida, sin ningún tipo de intervención humana, requiere una planificación extremadamente cuidadosa y comporta riesgos evidentes de fuego amigo y de víctimas civiles. También existen dudas razonables sobre la eficacia real de unos cuadricópteros sin piloto a la hora de seleccionar y neutralizar objetivos en comparación con un operador humano capacitado.

El analista francés de fuentes abiertas Clément Molin, del grupo OSINT Geoconfirmed, aseguró a CNN que "los ucranianos han obtenido los medios para iniciar una campaña a gran escala con el fin de aislar Crimea de sus principales rutas de suministro y complicar la situación logística de Rusia en todo el frente". Por su parte, el Instituto para el Estudio de la Guerra advirtió de que "es probable que Ucrania tenga la oportunidad única y con plazos limitados para aprovechar su iniciativa actual mientras las fuerzas rusas sigan siendo vulnerables".

En definitiva, la guerra de Ucrania se consolida como el laboratorio bélico más avanzado del siglo XXI. Si la prueba de los drones autónomos se confirma de forma independiente, marcaría un nuevo umbral en la automatización de la letalidad en el campo de batalla, con implicaciones que trascenderán este conflicto y obligarán a redefinir las normas del derecho internacional humanitario. Por ahora, la combinación de drones de medio alcance y sistemas semiautónomos parece estar dando a Ucrania una ventaja táctica significativa en la degradación de la logística rusa, aunque el coste humano y ético de avanzar hacia una autonomía total en los sistemas de armas sigue siendo una cuestión profundamente debatida.