Imágenes satelitales muestran que Rusia está construyendo diecisiete grandes hangares fortificados en la base aérea de Engels, a casi 500 kilómetros de la frontera ucraniana, para proteger sus bombarderos estratégicos Tu-95 y Tu-160. Se trata de la primera vez en la historia que Moscú recurre a refugios masivos para una pata de su tríada nuclear: durante la Guerra Fría estos aparatos permanecían al aire libre, confiados en la profundidad territorial rusa y en la lógica de disuasión.
La base de Engels alberga la 22.ª División de Bombarderos Pesados, incluido el único escuadrón operativo de Tu-160, un modelo fuera de producción cuya fabricación avanza con lentitud, y varios Tu-95MS ya descatalogados. Perder uno de estos aviones equivale a perder una pieza central del equilibrio nuclear ruso, lo que explica la magnitud de la respuesta. Los drones ucranianos han golpeado de forma repetida depósitos de combustible, arsenales y zonas logísticas vinculadas a la base, con incendios masivos registrados también en 2025.
La evolución de las defensas —dispersión, muros de contención, neumáticos sobre las alas, siluetas pintadas en pistas y aviones señuelo— refleja la improvisación rusa ante amenazas baratas y persistentes. Los nuevos refugios, en cambio, representan una admisión estructural: la profundidad estratégica rusa ya no basta. Analistas de The War Zone destacan que ni siquiera en la Guerra Fría fue necesaria esta protección, y que el caso ya suscita debate en Estados Unidos, donde bases como Barksdale mantienen sus B-52 al descubierto.
