Ucrania ha puesto en marcha una convocatoria de subvenciones destinada a desarrollar robots humanoides armados que operen en la primera línea del frente y reduzcan la exposición de sus tropas. El programa, impulsado por la plataforma de defensa Brave1, contempla el diseño inicial de plataformas humanoides básicas que evolucionarán hacia sistemas más avanzados a medida que avance la iniciativa. Según su CEO, Andriy Hrytsenyuk, el objetivo es maximizar la robotización del combate y apoyar a los soldados en el sostenimiento de posiciones.
La medida se enmarca en la consolidación de Ucrania como principal banco de pruebas mundial para fabricantes de armamento, incluidas numerosas empresas emergentes occidentales. No se trata del primer paso del país en esta dirección: en marzo se presentó el androide Phantom MK-1, un robot de 1,8 metros de altura, 80 kilos de peso y capacidad de carga de 40 kilos, revestido de acero negro y con visera tintada, equipado con inteligencia artificial y diseñado para entornos militares e industriales de alto riesgo. El dispositivo emplea actuadores cicloidales que mejoran su seguridad cerca de personas y, aunque gestiona movimientos y navegación de forma autónoma, un operador conserva la última palabra sobre cualquier decisión letal.
Las pruebas realizadas con esta plataforma arrojan resultados positivos, si bien su uso en combate sigue en fase de desarrollo. El presidente Volodímir Zelenski aseguró recientemente que, por primera vez en la guerra, una posición enemiga fue tomada exclusivamente con sistemas no tripulados, sin presencia de infantería ni bajas propias.
