Ucrania ha comenzado a desplegar pequeños vehículos no tripulados equipados con torretas autónomas dotadas de ametralladoras y lanzagranadas, en una estrategia orientada a reducir el envío de infantería al frente. La empresa Frontline Robotics ha adaptado su torreta Buria, pensada originalmente para posiciones fijas, sobre plataformas terrestres móviles que operan como microtanques controlados a distancia, con el objetivo principal de interceptar a los pequeños grupos de infiltración rusos que se cuelan entre líneas, bosques y trincheras.
El cambio responde a la saturación de drones en el frente, que ha convertido la línea de contacto en una zona de altísima mortalidad para la infantería, y a la vulnerabilidad demostrada por los tanques tradicionales, destruidos en cuestión de minutos por drones de bajo coste. Frente a la ecuación económica rota del blindado clásico, estos robots resultan más baratos, más rápidos de fabricar y prescindibles, ya que su destrucción no implica bajas humanas.
Según los datos citados, las Fuerzas Armadas ucranianas realizaron más de 50.000 misiones con robots terrestres en lo que va de año —frente a las 2.000 del semestre anterior—, incluyendo evacuaciones, transporte de suministros, colocación de minas y, por primera vez, asalto a posiciones rusas capturado únicamente con sistemas no tripulados. Frontline Robotics afirma introducir pequeños cambios hasta veinte veces al mes, lo que convierte el campo de batalla en un laboratorio de iteración continua. La estrategia apunta a un modelo en el que conquistar terreno deje de requerir enviar hombres al fuego.
