Un grupo de investigación de la Universidad de Stuttgart, en Alemania, funde fragmentos de satélites en túneles de viento de plasma a alta temperatura para reproducir las condiciones en que la basura espacial se desintegra al reentrar en la atmósfera terrestre. La Agencia Espacial Europea estima que cada año cientos de toneladas de objetos fabricados por el ser humano se incineran al reentrar, liberando nubes de partículas microscópicas y, en ocasiones, fragmentos que llegan al suelo.
Los científicos alertan de que las cenizas metálicas, principalmente óxidos de aluminio, podrían intensificar la destrucción de ozono y alterar el balance térmico de la atmósfera superior, una zona muy aislada y con escasa capacidad de dispersión de contaminantes. Los satélites y los cohetes están compuestos sobre todo de aluminio y titanio, materiales muy distintos a los de los meteoritos naturales, lo que hace imprevisible su impacto químico.
Los investigadores subrayan que el riesgo de que una persona sea golpeada por un fragmento es aún muy bajo, pero advierten de que el aumento previsto de reentradas, con megaconstelaciones como Starlink y planes chinos de más de un millar de satélites, hará crecer la probabilidad de incidentes. En marzo de 2024, un fragmento de una plataforma de baterías de la Estación Espacial Internacional atravesó el techo de una vivienda en Florida, un episodio que evidenció las lagunas de conocimiento sobre la reentrada y la necesidad de endurecer la normativa vigente, que en Europa exige una probabilidad máxima de supervivencia de 1 entre 10.000.
