El 21 de mayo de 2024, el vuelo SQ321 de Singapore Airlines, con 210 pasajeros a bordo, experimentó una turbulencia extrema sobre Myanmar, a unas 37.000 pies de altura. El incidente, que duró apenas 11 segundos según el registrador de vuelo, provocó que el avión se desplomara 178 pies, equivalente a un edificio de 19 pisos, y lanzó a los pasajeros por la cabina. La turbulencia, de origen desconocido y sin reflejo en los radares, se atribuye a una corriente ascendente proveniente de tormentas debajo. Más de 100 pasajeros sufrieron lesiones, y una mujer australiana quedó paralizada. El incidente resalta la vulnerabilidad de los aviones ante la turbulencia inesperada, incluso con tecnología de radar avanzada. Investigaciones previas, como experimentos realizados en 2002 con un Boeing 747, revelaron que incluso con advertencias, la mayoría de los pasajeros no se abrochan los cinturones en menos de un minuto y medio, un tiempo crucial en situaciones de turbulencia severa. El incidente recuerda otros accidentes aéreos históricos, como el de Mt. Fuji en 1966, y subraya la continua evolución de la seguridad aérea, desde el diseño de aviones más resistentes hasta la implementación de sistemas de alerta temprana.
Turbulencia extrema sacude vuelo de Singapore Airlines
Fuentes:
Buckle Up for Bumpier Skies
