La orden ejecutiva firmada por Donald Trump para su llamada política de vacunas de "estándar de oro" plantea reducir el número de inyecciones que reciben los niños, pero a la vez exige descomponer la vacuna combinada sarampión-paperas-rubéola (MMR) en tres preparados independientes. Como la MMR se administra en dos dosis, el cambio implicaría seis pinchazos en lugar de dos. Las vacunas individuales de sarampión, paperas y rubéola no existen en Estados Unidos, por lo que los laboratorios tendrían que invertir en desarrollar, probar y lanzar al mercado tres productos nuevos sin base científica que lo justifique. La vacuna combinada actual ha demostrado durante décadas un perfil seguro, eficaz y práctico.
La respuesta del sector farmacéutico fue inmediata. Horas después de la firma, PhRMA, la patronal que representa a GSK, Sanofi, Pfizer, Merck, Johnson & Johnson y Novo Nordisk, emitió un comunicado en el que califica la orden de degradar la política de vacunas estadounidense. El rechazo se suma al de la comunidad médica y científica, que ha tachado la medida de "peligrosa", "anticientífica", "falsa y engañosa" y de "poner en riesgo la salud infantil". La Academia Americana de Pediatría, que lidera una demanda contra cambios previos en el calendario vacunal impulsados por Trump y su secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., obtuvo en marzo una medida cautelar que revirtió la mayor parte de esas modificaciones.
