Este artículo de Katherine Rundell explora la fascinante vida del tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), una criatura notable por su longevidad extrema. Estos tiburones son los vertebrados más longevos del planeta, con estimaciones de edad que alcanzan los 272 a 512 años, e incluso posiblemente superando los 500 años. La determinación de su edad fue un logro científico reciente, utilizando el análisis de carbono-14 en los cristales del ojo, una técnica desarrollada para medir la edad de materiales orgánicos basándose en los niveles de carbono-14, que variaron significativamente durante las pruebas nucleares de los años 60. Esto permite a los científicos datar, con una aproximación, el momento de su nacimiento.
La biología del tiburón de Groenlandia es inusual. Su apariencia es poco atractiva: tienen una cara plana, aletas pequeñas y una simbiosis peculiar con un crustáceo llamado Ommatokoita elongata, que se adhiere a sus ojos, causando ceguera. Su cuerpo contiene altas concentraciones de urea, una adaptación para mantener el equilibrio osmótico en el agua salada, pero que resulta en un fuerte olor a orina. Esta urea también hace que su carne sea tóxica cuando se consume cruda, causando un estado conocido como 'intoxicación por tiburón', caracterizado por mareos y vómitos. Sin embargo, después de un largo proceso de fermentación y secado, la carne se convierte en hákarl, una delicadeza (o abominación, según el paladar) tradicional en Islandia.
Son animales lentos, tanto en su movimiento (alrededor de 1.7-2.2 mph) como en su metabolismo. A pesar de ser depredadores, su metabolismo lento significa que necesitan muy poca energía para sobrevivir. Se alimentan de todo tipo de presas, desde focas hasta restos de animales que caen de los glaciares. Su proceso de muerte es también notablemente lento, con evidencia de actividad muscular incluso después de la decapitación. Viven en las profundidades del océano, a menudo a más de 2200 metros de profundidad, y su reproducción es un misterio, ya que nunca se ha observado a una hembra dando a luz ni apareándose.
El artículo también aborda la historia de la explotación de estos tiburones, que fueron cazados intensivamente en el pasado para obtener aceite de hígado, cuya emulsión se utilizaba para pintar casas con una durabilidad excepcional. Actualmente están clasificados como 'casi amenazados', aunque su verdadera situación es incierta debido a su inaccesibilidad y a la lentitud con la que se reproducen. La longevidad del tiburón de Groenlandia ofrece una perspectiva única sobre la historia de la Tierra y la fragilidad de la existencia humana, recordándonos que hay vida que persiste a través de eras de cambio y catástrofe.
