Las interfaces de usuario de terminal (TUI) están experimentando un resurgimiento, impulsado por la frustración con las inconsistencias y la complejidad de las interfaces gráficas modernas en Windows, macOS y Linux. Este retorno a las TUIs se observa en proyectos como Omarchy de DHH, y refleja una tendencia más amplia de rechazo a las soluciones de interfaz de usuario nativas, especialmente en el desarrollo de aplicaciones de escritorio. Microsoft ha luchado durante décadas por establecer una estrategia de GUI coherente, resultando en una proliferación de frameworks incompatibles y una pérdida de integración visual. En Linux, la falta de estandarización ha llevado a una fragmentación de la experiencia de usuario. Apple, otrora líder en diseño de interfaces, también se ha alejado de sus propias directrices. La popularidad de Electron, aunque extendida, ha sido criticada por su impacto en el rendimiento y la falta de consistencia visual. Este contexto ha abierto la puerta a soluciones más simples y eficientes como las TUIs, que ofrecen retroalimentación inmediata, automatización y compatibilidad multiplataforma, permitiendo incluso el acceso remoto y la ejecución en entornos en la nube. La búsqueda de interfaces más intuitivas y consistentes impulsa la necesidad de volver a los fundamentos del diseño de interfaces.
