La firma china de ciberseguridad 360 presentó el miércoles Tulongfeng, una herramienta de IA que asegura competir directamente con Mythos de Anthropic, el modelo centrado en ciberseguridad que la Administración Trump prohíbe exportar a no estadounidenses junto con su versión restringida Fable 5. Días antes, la startup japonesa Sakana AI lanzó Fugu, un modelo de IA de frontera —bautizado como el pez globo japonés— que, según la compañía, está al nivel de Fable 5 y Mythos Preview y está diseñado para orquestar el acceso a otros modelos mediante sus API.
Ambos lanzamientos llegan dos semanas después de la orden estadounidense que impide a Anthropic distribuir Mythos y Fable fuera del país. Un portavoz de Sakana AI calificó la coincidencia como “enteramente casual”, aunque la compañía aprovecha el momento: su web promociona “capacidad de frontera sin riesgo de controles de exportación”. Sakana, cofundada en 2023 por los ex investigadores de Google Ren Ito, Llion Jones y David Ha, orienta Fugu a empresas y agencias gubernamentales japonesas que buscan reducir su exposición a las restricciones.
Desde Sakana se evita hablar de un alejamiento permanente de la IA estadounidense en Asia: “Los modelos de EE. UU. siguen siendo importantes”, declaró un portavoz, en línea con las palabras del cofundador Ren Ito en la cumbre del G7 de Evian. Su CEO, David Ha, describió Fugu como un “modelo de orquestación” que coordina el uso de múltiples sistemas, porque “depender de un único proveedor para infraestructura nacional es un riesgo que los controles de exportación recientes han hecho imposible ignorar”.
En China, 360 lanzó además Yitianzhen, orientada a automatizar la defensa cibernética. Su fundador, Zhou Hongyi, calificó la detección de vulnerabilidades mediante IA como un “activo estratégico nacional” y advirtió del riesgo de “transparencia unidireccional”. Anthropic, cuyo run-rate de ingresos superó los 47.000 millones de dólares en mayo de 2026, no ha hecho pública su dependencia de clientes asiáticos, pero al menos dos empresas —una en Tokio y otra en Pekín— ya ocupan el hueco dejado por la prohibición.
