SpaceX cerró este martes a 133,36 dólares por acción, apenas un 1,2% por debajo de los 135 dólares de su salida a bolsa del 12 de junio, tras dos meses de elevada volatilidad y de poner a prueba unas expectativas muy exigentes sobre el futuro de la compañía de Elon Musk. Tras tocar 225,64 dólares a los cuatro días del debut, el título llegó a caer hasta 104,83 dólares el 3 de agosto, dibujando la subida inicial y la corrección típicas de muchas OPVs, según el economista Javier Santacruz. La primera gran prueba llegó el 4 de agosto, cuando SpaceX presentó unos ingresos de 12.508 millones de dólares, un 53% más, y pérdidas de 5.488 millones, un 257% superiores, en un día en el que la acción llegó a caer un 13%. Para Santacruz, Starlink es el «producto estrella» y la principal fuente de crecimiento, mientras que el analista de XTB Manuel Pinto advierte de que el gasto de 15.828 millones en inversiones de capital en IA durante el segundo trimestre, más del doble que el trimestre anterior, es «el principal lunar de las cuentas», junto con la dependencia de los contratos del Gobierno estadounidense y el desarrollo «todavía incierto» del sistema Starship. Ambos analistas coinciden en que SpaceX no es una compañía para apostar a corto plazo: el retorno debe medirse en años y la generación de flujos de caja positivos podría llegar en un horizonte de dos a tres años. Pinto advierte de que, si a partir de 2027 el gasto de capital no se traduce en nuevos lanzamientos, contratos y aplicaciones de IA, la acción podría incluso caer por debajo de los 100 dólares.
