Sony y Microsoft se enfrentan a un desafío comercial significativo: justificar precios de 1.000 dólares para sus próximas consolas, PS6 y Xbox Project Helix. Aunque ambas empresas han evitado confirmar cifras exactas, las pistas de Shawn Layden, exjefe de PlayStation, y el contexto del mercado actual sugieren que el salto generacional será marginal. Con la PS5 ya a 649 euros y la PS5 Pro a 899 euros, el precio de 1.000 dólares para la nueva generación es plausible, pero la percepción del usuario medio podría ser clave. El análisis indica que las mejoras técnicas, como el trazado de rayos avanzado, no serán suficientes para motivar la compra, ya que las diferencias visuales entre generaciones actuales son mínimas. El estancamiento tecnológico ha hecho que cada avance sea más costoso de desarrollar y menos impactante para el consumidor. Para superar esta barrera, las nuevas consolas dependerán de tecnologías de inteligencia artificial aplicada al gaming, que permitirán no solo una mayor calidad gráfica, sino también una fluidez superior que no se ha logrado en la generación actual. Esta estrategia busca diferenciar el producto no solo por su potencia bruta, sino por una experiencia de juego que justifique el alto coste inicial.
