Sogen Kato (1899-c. 1978) fue un ciudadano japonés cuyo cadáver momificado fue hallado el 27 de julio de 2010 en su domicilio del barrio de Adachi, Tokio, durante una inspección de funcionarios municipales que pretendían homenajearle con motivo del Día del Respeto a los Ancianos. Los periódicos hallados junto al cuerpo, datados en la era Shōwa, sugieren que Kato llevaba muerto alrededor de 32 años, aunque su familia nunca notificó el fallecimiento. Sus allegados habían rechazado repetidamente los intentos de los funcionarios por verle, alegando que era un «vegetal humano» o que se estaba convirtiendo en sokushinbutsu, una práctica budista de automomificación. La autopsia no pudo determinar la causa de la muerte.
Tras el descubrimiento, dos familiares —su hija Michiko, de 81 años, y su nieta Tokimi, de 53— fueron detenidas y juzgadas por fraude. La acusación sostenía que ambas habían cobrado de forma indebida unos 9,5 millones de yenes (unos 117.939 dólares) de la pensión de Kato, además de otros 9,45 millones de una pensión de supervivencia tras la muerte de su esposa en 2004. En noviembre de 2010, el Tribunal de Distrito de Tokio condenó a Tokimi a dos años y medio de prisión, con cuatro años de suspensión.
El caso sacó a la luz un problema estructural en los registros de población de Japón. Una investigación posterior reveló que la policía desconocía el paradero de 234.354 personas mayores de 100 años, de las cuales más de 77.000 superarían los 120 años si siguieran vivas. La mala gestión documental y el aislamiento social de quienes emigraron a las grandes ciudades durante el milagro económico japonés explican buena parte de los casos. Uno de los registros llegó a atribuir 186 años a un hombre. El episodio impulsó una reforma del sistema de seguimiento de los centenarios en el país.
