Xiaomi acaba de presentar Skynomad, su segunda marca de automóviles centrada en vehículos de autonomía extendida con motor de combustión, y su llegada ilustra una transformación más profunda que está protagonizando la industria china del coche eléctrico: el replanteamiento del habitáculo como un espacio habitable de verdad.
El artículo explica que los fabricantes chinos —entre ellos BYD (y sus submarcas Denza y Yangwang), el Grupo Geely, Li Auto y Aito, con tecnología de Huawei— están aprovechando las ventajas estructurales del vehículo eléctrico, como el suelo plano y la compacidad de los motores, para diseñar enormes SUV y furgonetas con butacones giratorios, pantallas que descienden del techo, asientos que se reclinan hasta convertirse en cama y modos de software específicos (modo descanso, modo camper). Conceptos de interior configurable que en Europa quedaron en el olvido cuando la tecnología actual permite sacarles mucho más partido.
El autor, aunque se declara amante del coche de combustión, reconoce que el eléctrico supera al térmico en la mayoría de los usos cotidianos por su par instantáneo y su silencio. Y lanza una pregunta: si los fabricantes chinos aterrizan en Europa con estas propuestas, ¿calarán en un mercado que nunca ha terminado de adoptarlas? Skynomad, con versiones camper y autonomías anunciadas de hasta 1.700 km en torno a los 40.000 euros, es el último ejemplo de esta nueva forma de entender el coche como punto de encuentro y no solo como medio de transporte.
