Seis grandes esferas metálicas aparecieron en la costa de Forrest Beach, en el estado australiano de Queensland, y tras las primeras inspecciones las autoridades consideran que se trata de recipientes a presión procedentes de un cohete espacial, conocidos como "space balls": depósitos esféricos de aleaciones de titanio capaces de soportar las altas temperaturas de la reentrada atmosférica. La Agencia Espacial Australiana, junto con bomberos y especialistas en materiales peligrosos, acordonó la playa y recuperó las esferas ante la sospecha de que pudieran contener restos de hidracina, un propelente extremadamente tóxico. Las esferas aún no se han atribuido de forma definitiva a un vehículo concreto, aunque las hipótesis señalan a un lanzador extranjero reentrado recientemente. Australia ya acumula precedentes de este tipo: en 1979 cayeron restos de la estación Skylab sobre Australia Occidental y en 2022 se encontraron fragmentos de una cápsula Dragon de SpaceX. La arqueóloga Alice Gorman, citada por The Guardian, advirtió de que el número de estos episodios aumentará a medida que se incrementen los lanzamientos orbitales, ya que, aunque la mayoría de los restos se desintegran, componentes muy resistentes sobreviven y alcanzan zonas habitadas.
