Un ingeniero de software relata su experiencia de seis meses sin escribir una sola línea de código a mano, delegando toda la programación en agentes de inteligencia artificial. La regla, autoimpuesta en febrero de 2025, le obligó a profundizar en el uso real de herramientas como Claude Code, GPT-5.3 y Opus 4.6, en lugar de limitarse a leer guías.
En su día a día, cada tarea se asigna a una máquina virtual Linux aislada que levanta el entorno completo de desarrollo, ejecuta el agente y conserva la conversación para su revisión posterior. Para coordinar hasta una docena de agentes simultáneos, desarrolló botd, un panel accesible desde el móvil que aprovisiona y retira máquinas, monitoriza el estado de cada agente y permite enviar instrucciones adicionales o revisar los cambios generados.
El texto describe la evolución desde sesiones paralelas caóticas con conflictos de puertos y estado compartido, pasando por worktrees y archivos AGENTS.md, hasta contenedores efímeros en la nube que sobreviven al cierre del portátil. Los agentes operan en modo YOLO dentro de máquinas virtuales desechables, con acceso limitado a recursos externos como GitHub, Anthropic, OpenAI o Stripe, lo que reduce el riesgo de acciones destructivas. El autor subraya que la productividad no depende solo del modelo, sino del entorno, los prompts y la capacidad de iterar.
