Una pareja de profesionales tecnológicos que gana 180.000 y 185.000 dólares anuales en San Francisco lleva meses sin encontrar un apartamento de una habitación por menos de 5.000 dólares al mes. Katrine Razniak, reclutadora de LinkedIn, y Adam Woodbury, ingeniero de software, llegaron a ver un piso de 5.200 dólares con una lista de 30 candidatos una hora después de la jornada de puertas abiertas. Ante el precio medio de la vivienda, situado en 1,7 millones de dólares, la pareja se plantea emigrar a otro estado donde sus sueldos les permitirían vivir como clase alta.
El problema afecta de lleno a la clase media tecnológica, que queda excluida por la inflación generada por los nuevos millonarios del boom de la IA. Empleados de OpenAI y Anthropic, con stock options y participaciones en empresas valoradas en 852.000 y cerca de 900.000 millones de dólares respectivamente, han comprado vivienda tras vender acciones y disparado los precios. Las inminientes salidas a bolsa de ambas firmas y la reciente IPO de SpaceX podrían generar hasta 20 nuevos multimillonarios.
El coste de vida en San Francisco es un 65,6% superior a la media estadounidense, y el salario medio ha subido de 153.000 a 196.000 dólares en seis años sin que eso se traduzca en poder adquisitivo real. Razniak afirma que su gasto mensual ha crecido 1.000 dólares sin cambios de hábitos, lo que ha llevado a su entorno a sustituir los restaurantes por cenas en casa. Trabajar en tecnología ya no garantiza vivir en San Francisco: ahora hace falta trabajar en IA y tener acciones.
