Robots humanoides baten récords en los Mundiales de Pekín y algunos arden al correr

Fuentes: World humanoid robot games show runners breaking records, bursting into flames, theverge.com

Los segundos Mundiales de Robots Humanoides, celebrados en Pekín del 22 al 26 de agosto, dejaron una imagen tan impresionante como reveladora: varias máquinas pulverizaron marcas que parecían inalcanzables hace apenas un año, pero otras tantas se desplomaron, se partieron por la cintura en una lluvia de chispas o, literalmente, ardieron al intentar completar el recorrido.

El evento, organizado por medios estatales chinos y el gobierno municipal de Pekín, reunió a docenas de fabricantes de robótica con un objetivo declarado: demostrar el potencial comercial de los humanoides en pleno auge de la industria china. En la prueba estrella, los 100 metros de la categoría grande, un robot de la compañía X-Humanoid cruzó la meta por debajo de los 9,58 segundos de Usain Bolt, según los registros difundidos por el Global Times y recogidos por Ars Technica. Los vídeos virales muestran al robot vencedor de los 400 metros por grupos corriendo con una peculiar postura de "persona tímida que se tapa la cara": los brazos pegados a la cabeza en lugar del clásico braceo atlético, un movimiento que sus ingenieros explican como el resultado de un entrenamiento por refuerzo en simulación.

Los avances en control corporal son notables, según Dipam Patel, doctorando en informática por la Universidad de Purdue e investigador en el Laboratorio de Investigación del Ejército de Estados Unidos. "Todo eso demuestra control de cuerpo entero, porque necesitas mover todas las articulaciones para lograr la tarea", declaró a Ars Technica. El salto respecto a la edición inaugural de 2025, donde los robots aún no superaban a los corredores humanos, confirma, a su juicio, "un enorme impulso en ingeniería".

Sin embargo, las mismas imágenes que celebran esos logros evidencian limitaciones igual de enormes. Varios robots no supieron frenar tras la línea de meta y se estrellaron contra las vallas; otros cayeron al suelo y, al perder integridad estructural, rompieron piezas o comenzaron a arder. El más espectacular fue el de un modelo de la marca Honor, que literalmente se desarmó mientras corría junto a dos unidades Tian Gong Ultra en la segunda serie. Patel es tajante: "Si cruzas la línea, esa es la meta; da igual que te detengas o que caigas en pedazos". Y añade: "Algunas empresas tenían robots distintos para juegos distintos, porque cada uno estaba diseñado para ser el mejor en una sola tarea".

Esta especialización extrema es, precisamente, el reverso de la medalla. Frente a robots atletas incapaces de frenar, la organización introdujo pruebas de "escenarios prácticos": lavar y tender ropa, doblar prendas o limpiar una sala de estar. El rendimiento, según la prensa estatal china, quedó muy por debajo de la velocidad humana habitual, un jarro de agua fría que recuerda que el atleta estrella de la jornada no sabría, probablemente, planchar una camiseta.

El análisis de fondo apunta a una industria china que busca visibilidad global y capital inversor. Los récords, los vídeos virales y las caídas espectaculares generan titulares fáciles y, en palabras de Patel, permiten a las compañías diferenciarse en un mercado saturado. Pero ese escaparate contrasta con la realidad técnica: aún estamos lejos de humanoides versátiles, seguros y autónomos que puedan convivir con personas en entornos reales.

De cara a futuras ediciones, expertos como Patel sugieren pruebas más exigentes, como correr varias veces la misma carrera para medir la fiabilidad de hardware y software, y añadir tareas que exijan frenar, girar o esquivar obstáculos. Sólo entonces, razonan, podrá hablarse de progreso real y no de un espectáculo tan brillante como frágil.

Por ahora, el balance de Pekín es doble: récords históricos en velocidad y salto de altura, sí, pero también recordatorios en forma de chispas y humo de que la robótica humanoide china, aunque avanza a pasos agigantados, todavía tiene tanto de atleta de élite como de aprendiz con los cables pelados.