El equipo del lenguaje Rust ha publicado los resultados de su primera encuesta específica sobre depuración, realizada en febrero y respondida por más de 2.300 desarrolladores. El sondeo se diseñó para entender qué depuradores utiliza la comunidad, cómo los emplea y qué dificultades encuentra al hacerlo.
Más del 80% de los encuestados se identificaron como usuarios de nivel avanzado o intermedio, y apenas el 46% afirmó usar un depurador en la actualidad; entre los principiantes, cerca de la mitad nunca ha utilizado uno. Las técnicas de impresión con println! y la macro dbg! dominan la práctica cotidiana, seguidas por lldb integrado en un IDE y gdb en línea de comandos. En Linux, gdb en CLI supera a lldb en IDE por un estrecho margen (0,4%); en Windows, WSL y macOS, lldb en IDE es la opción preferida con al menos un 6% de ventaja. WinDbg y el depurador de Visual Studio se usan sobre todo en Windows, mientras que lldb tiene mayor presencia en macOS.
En cuanto a los usos, alrededor del 87% de los desarrolladores depura paso a paso y poco más de la mitad obtiene trazas de procesos colgados; solo un 25% lo aplica a código asíncrono. El 44% depura proyectos donde Rust convive con otros lenguajes, principalmente C (más del 70%), C++ (43%) y Python (20%).
El motivo principal para evitar depuradores es que resulta más rápido recurrir a logs o a la impresión en pantalla (81%). Un 26% los descarta cuando las características del lenguaje tienen soporte deficiente. Entre los puntos de dolor destaca la representación pobre de valores (74%) y la imposibilidad de imprimir variables (55%). Además, casi el 62% de los autores de bibliotecas desconocen el atributo debugger_visualizer, lo que revela un margen amplio de mejora en herramientas y documentación.
