Este artículo explora la creciente fascinación del autor por los relojes “tontos”, en contraste con los smartwatches que él mismo disfrutó brevemente. La idea central es que los smartwatches, a pesar de su conveniencia, a menudo nos atrapan en un ciclo de distracción constante, esencialmente convirtiéndose en una versión más pequeña y adictiva de nuestros teléfonos. El autor, al igual que Kev Quirk, argumenta que los smartwatches son, en realidad, “wrist phones” que perpetúan nuestra dependencia de la tecnología y consumen energía innecesariamente.
La experiencia del autor con un Apple Watch (Series 7) lo llevó a darse cuenta de que, en lugar de reducir su tiempo frente a la pantalla, lo aumentaba, ofreciendo acceso a un navegador web, juegos y otras distracciones en su muñeca. Además, la necesidad de cargarlo diariamente anulaba el beneficio de no tener que buscar el teléfono. La muerte prematura de su Apple Watch fue, irónicamente, el catalizador para su inmersión en el mundo de los relojes tradicionales.
Su viaje lo llevó a descubrir la belleza y la funcionalidad de los relojes automáticos, como su primer Vostok Komandirskie, y luego a explorar la estética y la durabilidad de los relojes Seiko. Los relojes automáticos, impulsados por el movimiento de la muñeca, ofrecen una independencia energética que los smartwatches no pueden igualar. Aunque menos precisos que los relojes de cuarzo, poseen un encanto y una longevidad que los hacen valiosos.
Finalmente, el autor se rinde a la practicidad y la fiabilidad de los relojes Casio G-Shock, especialmente los modelos atómicos y solares. Estos relojes, con su diseño robusto y su capacidad para sincronizarse con relojes atómicos y funcionar con energía solar, representan una combinación de tecnología retrofuturista y utilidad sin complicaciones. El autor concluye que coleccionar relojes es similar a tener una variedad de zapatos para diferentes ocasiones, y que, aunque aprecia la complejidad de los relojes mecánicos, la simplicidad y la fiabilidad de los relojes “tontos” son innegablemente atractivas. En esencia, el artículo celebra la búsqueda de una desconexión digital y la apreciación por objetos duraderos y funcionales.
