Visa y Mastercard son redes de tarjetas que no emiten productos financieros, no fabrican plásticos ni operan los terminales de pago. Su función es conectar a titulares, bancos emisores, comercios y adquirientes en un mercado bilateral, haciendo posible que las transacciones con tarjeta se procesen en cuestión de segundos. Esta labor se apoya en cuatro pilares: operar la red de telecomunicaciones que enruta los mensajes de autorización y compensación entre las partes; coordinar la red bancaria para liquidar los pagos, incluida la compensación neta diaria en múltiples divisas; fijar los incentivos económicos que sostienen la participación en el sistema; y establecer las reglas del juego, incluido el mecanismo de disputas. Desde el punto de vista técnico, los números de tarjeta funcionan como identificadores similares a direcciones IP: los primeros seis u ocho dígitos, conocidos como BIN, identifican al banco emisor. La autorización coloca una retención temporal en la cuenta del cliente y, tras la compensación, el dinero se mueve al comercio. En el plano financiero, Visa liquida cada día los saldos netos de sus participantes y, según su informe anual de 2024 ante la SEC, mantuvo 11.200 millones de dólares de liquidez para cubrir posibles impagos, con una exposición media diaria de 84.300 millones de dólares y un pico de 137.400 millones. Finalmente, el texto desgrana el reparto de comisiones en una transacción típica de 100 dólares en Estados Unidos: el comercio paga una tasa de descuento del 2,5%, de la cual aproximadamente el 2% va al banco emisor (interchange), alrededor del 0,35% al procesador de pagos y un 0,15% a la red.
