El autor argumenta que los productos de inteligencia artificial actuales carecen de seriedad porque no ofrecen herramientas para verificar sus propias limitaciones. Aunque todos los modelos admiten erratas, las advertencias suelen ser texto pequeño y legalista que traslada la responsabilidad al usuario sin ofrecer mecanismos de verificación. Para ser considerados herramientas serias, especialmente en investigación y desarrollo de software, los productos de IA deben implementar una función de 'verificación de errores' de primera clase. Esto implicaría una interfaz de dos columnas donde el usuario puede marcar casillas para confirmar que ha revisado las afirmaciones, evitando así el patrón oscuro de delegar la revisión de código en el desarrollador sin supervisión humana. Además, las citas deben presentarse como objetos grandes y legibles, con metadatos completos (autor, fecha, fuente) y el texto original destacado sobre cualquier resumen generado por la IA. El texto concluye que los productos de IA no deben usar lenguaje en primera persona ni apologías, ya que esto es ineficaz y desperdicia tiempo, especialmente dado que los proveedores ya saben que estas interacciones pueden afectar la salud mental de los usuarios.
