Pueblos españoles convertidos en miniciudades durante ocho semanas de verano

Fuentes: El problema logístico de España: pueblos que se convierten en "miniciudades" durante las ocho semanas del verano

Durante aproximadamente ocho semanas al año, decenas de municipios costeros y rurales españoles multiplican su población censada entre tres y treinta y siete veces, y los servicios públicos —basura, agua, sanidad y seguridad— diseñados para el invierno quedan desbordados en agosto. El reportaje repasa casos paradigmáticos: Noja (Cantabria) pasa de 2.686 habitantes a picos de 100.000; Sanxenxo (Galicia) crece de 17.000–18.000 a hasta 120.000 pernoctantes; en la costa catalana, Pals y Port de la Selva quintuplican su censo y municipios como Santa Susanna, Sant Pere Pescador, Tossa de Mar o Salou lo triplican o cuadruplican; en Euskadi, Bakio, Lekeitio, Plentzia y Gorliz alcanzan los 20.000 residentes estivales, y Escalona (Toledo) salta de 4.000 a 30.000 empadronados efectivos.

Según la estadística experimental de población estacional del INE, basada en telefonía móvil, 776 municipios españoles triplicaron su población en julio, con especial incidencia en archipiélagos, litoral mediterráneo y provincias de interior con alta segunda residencia. La Encuesta de Infraestructuras y Equipamientos Locales de Palencia cuantifica el fenómeno en el medio rural: los pueblos pasaron de 79.396 empadronados a 181.064 personas en verano de 2023, con un incremento medio de habitantes por vivienda de 1,32 a 3,01.

El aumento dispara el gasto municipal: la recogida de basura extra cuesta entre 7.000 y 15.000 euros mensuales en concellos de la Costa da Morte; la Diputación de Cáceres alquiló un camión de residuos por 18.131,85 euros para la Mancomunidad de La Vera, y Escalona refuerza su plantilla con 100 personas. En la costa de Granada, el Hospital Santa Ana de Motril paga guardias médicas a 1.500 euros la noche ante la falta de profesionales para atender un censo flotante que duplica o triplica al de invierno. El artículo señala que el turismo sostiene buena parte de la economía local, pero los ayuntamientos recurren cada verano a refuerzos de última hora en lugar de planificar una infraestructura dimensionada para el pico de demanda.