Por qué las narraciones emotivas impulsan el escepticismo vacunal

Fuentes: How emotionally powerful stories fuel vaccine skepticism

El escepticismo hacia las vacunas es tan antiguo como la propia vacunación: en la Inglaterra del siglo XIX se registraron disturbios contra la obligatoriedad de la inoculación contra la viruela, y en Estados Unidos la Liga Antivacunación Obligatoria de Brooklyn se fundó en 1894. Hoy el movimiento Make America Healthy Again y su figura más visible, el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., lideran una corriente que se nutre de historias cargadas emocionalmente.

Según Katherine Shwetz, investigadora en humanidades médicas, los grupos escépticos gozan de una ventaja narrativa frente a los defensores de las vacunas. Mientras que la comunicación pro-vacunación debe ajustarse a la realidad, a menudo compleja y poco espectacular, de la ciencia, los mensajes escépticos presentan relatos dinámicos y emocionalmente persuasivos.

El artículo sostiene que el llamado enfoque del déficit de información, basado en ofrecer datos accesibles para mejorar la alfabetización científica, ha tenido un éxito limitado. De hecho, el número de personas con actitudes reticentes hacia las vacunas ha crecido, según datos de Unicef que constatan una caída de la confianza en la vacunación infantil de hasta 44 puntos porcentuales en algunos países.

La reticencia vacunal no responde, por tanto, a la falta de comprensión científica, sino a lo que los responsables políticos denominan un «problema complejo» o wicked problem: un fenómeno alimentado por la desinformación, el deseo de pertenencia social y creencias religiosas profundamente arraigadas, frente al que los datos por sí solos resultan insuficientes.