La blogosfera técnica lleva años alertando de cómo la centralización de internet ha vaciado la voluntad colectiva de defenderla. El texto parte de una constatación: en Estados Unidos, Canadá, Europa y Reino Unido se promueven de forma coordinada proyectos de ley de vigilancia y censura disfrazados de protección infantil o seguridad, con intereses que apuntan a actores como Palantir, la Heritage Foundation y grandes plataformas centralizadas. Frente a esa ofensiva, las organizaciones tradicionales de derechos digitales —ACLU, Open Rights Group, EFF, Fight for the Future— siguen activas, pero la respuesta ciudadana se percibe desinflada.
La autora contrasta el momento actual con batallas como la neutralidad de la red o SOPA, cuando el apagón de Wikipedia de 2012 movilizó a usuarios no técnicos. Argumenta que la centralización ha convertido internet, para la mayoría, en un asunto de «cinco corporaciones», lo que ha erosionado la idea de internet como bien común y, con ella, la urgencia de defenderla. Frente a ello reivindica la comunicación descentralizada y cifrada —el fediverse, las redes peer-to-peer, sistemas operativos no dependientes de Google o Apple, blogs propios— y llama a reactivar la presión política antes de que sea demasiado tarde.
