Un profesional recuerda cómo desacató siendo joven un consejo de Bill Howell: «Nunca discutas con tu jefe, porque aunque ganes, habrás perdido». Siendo administrador de sistemas senior en el Área de la Bahía de San Francisco, chocó con su superior por la arquitectura de las estaciones de trabajo de los desarrolladores. Apoyado por el resto del equipo técnico, forzó un debate abierto en la reunión plenaria semanal de TI, a la que también asistía el jefe de su jefe. Rebatió una por una las objeciones de su superior, que se levantó y abandonó la sala. Sus compañeros le miraron con horror: la discusión había socavado la autoridad de su jefe y podía percibirse como una insubordinación abierta.
Al día siguiente se disculpó y asumió alinearse en el futuro, aunque ya era tarde: nadie quería trabajar con él, dejó la empresa un mes después y su jefe permaneció varios años más. A partir de la experiencia, el autor recomienda gestionar los desacuerdos a puerta cerrada, sin anteponer la autoridad del jefe en público, y entender que «hacer gestión ascendente» es una habilidad delicada. Si la situación se vuelve insostenible, conviene buscar trabajo antes de plantar batalla, ya que luchar rara vez preserva el puesto.
