Por qué dejé de «crear contenido»: el peso de las palabras que elegimos

Fuentes: Why I Stopped "Creating Content"

«Contenido» empezó como un término de marketing en los años noventa —Bill Gates lo popularizó en su ensayo «Content is King» de 1996— y se ha convertido en un cajón de sastre que abarca desde blogs hasta películas de Netflix. El autor del texto, un empresario independiente que dejó Google en 2018 para montar su propia compañía, explica cómo el lenguaje corporativo impregnó su forma de nombrar el trabajo: sus lectores pasaron a ser «tráfico», sus clientes «leads» y sus obras «productos de información». Tras asistir a una conferencia de negocios indie donde todos hablaban en jerga empresarial, decidió replantearse cada término. Volvió a llamar a su bitácora «blog», a sus visitantes «lectores» y a su libro, sencillamente, «libro». El cambio no es solo estético: según argumenta, describir a las personas como «tráfico» o planificar cómo extraerles más «valor de por vida» influye en cómo uno concibe su oficio y su relación con la audiencia. El ensayo reconoce que quienes se consideran creadores de contenido pueden seguir usando el término sin problema; simplemente invita a comprobar si esas palabras fueron elegidas por uno mismo o asumidas por defecto del entorno. Con ironía, abre con un experimento mental: presentar la escultura David de Miguel Ángel como una pieza de «contenido»高超 parada de眼球 con 60 % de conversión en la tienda del museo, para mostrar lo absurdo que resulta aplicar ese lenguaje a obras que admiraríamos en cualquier otra época.