Por qué conviene desenchufar el cargador cuando no se usa: rayos, consumo fantasma y seguridad

Fuentes: Hay dos razones de peso para no dejar el cargador enchufado en la pared. Y una tercera de la que se habla menos

Dejar el cargador enchufado sin nada conectado es un gesto muy extendido, pero los expertos en protección eléctrica y contra el rayo desaconsejan hacerlo por tres motivos. El primero es el riesgo de sobretensión durante una tormenta: el rayo no tiene que caer sobre el edificio para que la subida de tensión se cuele por la instalación y dañe los aparatos enchufados. En Alemania, las normas DIN VDE 0100-443 y 0100-534 obligan desde diciembre de 2018 a instalar protección contra sobretensiones en cualquier instalación nueva, pero en España no existe una obligación equivalente para todas las viviendas; el borrador del nuevo Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión que pretende generalizarlo aún no se ha publicado en el BOE. La protección eficaz se instala en el cuadro eléctrico mediante descargadores de tipo 1 y tipo 2, cuyo precio oscila entre 80 y 100 euros. Las regletas con protección son solo un complemento de tipo 3.

El segundo motivo es el consumo fantasma o residual: un cargador en vacío ronda los 0,1 W, lo que suma unos 0,88 kWh al año, alrededor de doce céntimos al precio medio del PVPC de 2026, una cifra pequeña por hogar pero significativa al multiplicarla por millones de viviendas.

La tercera razón es la calidad del cargador. La OCU, junto a otras asociaciones europeas y la red ICRT, analizó 162 productos comprados en Temu y Shein y detectó que 112 incumplían la normativa europea; de 54 adaptadores USB, solo 2 cumplían los requisitos eléctricos y 14 suspendieron por sobrecalentamiento. La regla básica: un cargador en reposo no debe calentarse al tacto.