Paulina Borsook, de 72 años, ha experimentado una revalorización profesional tras 25 años de obscuridad, impulsada por la resurgencia de su obra literaria y crítica. En 2000, publicó 'Cyberselfish', un libro que denunciaba la cultura libertaria y machista de la industria tecnológica de la época, prediciendo con precisión las tendencias de la manosphere y la deshumanización en el sector. Tras su publicación, Borsook enfrentó un declive abrupto: los editores dejaron de contactarla, las becas desaparecieron y su carrera se estancó, atribuyéndole a menudo una supuesta blacklist o discriminación por género.
Su situación económica se deterioró hasta el punto de que vivía en alojamientos temporales y dependía de donaciones en GoFundMe. Sin embargo, en los últimos meses, críticos tecnológicos como Gil Durán han redescubierto su trabajo, citando 'Cyberselfish' como una advertencia temprana sobre la tecnología. Esta atención ha generado ofertas de publicación de su libro por parte de cinco editoriales, con 'Tin House' publicando una nueva edición en septiembre. Borsook, quien describe su nuevo hogar en Oakland como un refugio tras perder sus bienes, ha admitido que no puede determinar con certeza si su caída fue debida a su propio texto o a factores externos como el sexismo. Este caso ilustra cómo la crítica temprana a la industria tecnológica puede ser ignorada en su momento, pero resurge con fuerza décadas después, validando la visión de Borsook sobre la naturaleza social y humana de la tecnología.
