OpenAI y Anthropic, rivales en el mercado de la inteligencia artificial, coinciden en Washington en un frente común: advertir a los responsables políticos de los riesgos que plantean los modelos chinos de pesos abiertos. Su postura los enfrenta a investigadores, startups y defensores del código abierto, que sostienen que el acceso amplio a la IA es esencial para la competencia y el progreso científico.
Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, sostiene que los modelos de pesos abiertos son más difíciles de mantener seguros, porque una vez publicados los pesos se pierde la capacidad de revocar el acceso, actualizar las barreras de seguridad o impedir usos indebidos. Los defensores del open weight replican que esa misma apertura es su fortaleza, al impedir que una sola empresa controle quién los utiliza.
OpenAI, que dispone de su propio modelo de código abierto, ha alertado además contra la destilación, un proceso por el que un modelo se entrena a partir de otro. El representante comercial estadounidense Jamieson Greer considera esa práctica una forma de robo de propiedad intelectual, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que en las próximas semanas se examinarán los modelos chinos para exigirles los mismos estándares que a los estadounidenses.
Los críticos, entre ellos el asesor de la Administración Trump David Sacks, alertan de que una mayor supervisión puede derivar en captura regulatoria y consolidar a las grandes compañías. Expertos como Suresh Venkatasubramanian, exasesor tecnológico de la Casa Blanca con Biden, temen que el acceso a los modelos chinos se recorte y se frene la investigación. En el ámbito estatal, ambas compañías apoyan proyectos de seguridad en Massachusetts, aunque el texto avalado por OpenAI es menos exigente que el respaldado por Anthropic. Sam Altman se reunirá la próxima semana con legisladores y la Casa Blanca para abordar los próximos lanzamientos de modelos.
